miércoles, 23 de mayo de 2012

Restaurante La Salica - Espinardo (Murcia)

Hace tiempo que habíamos oído hablar de este restaurante de Espinardo, pero ahí quedaba todo. Sabíamos de su existencia, que era un antiguo molino de pimentón restaurado y poco más. No habíamos hablado con nadie que hubiera ido a comer allí. Por lo que no sabíamos si se comía bien, mal o regular. Ni siquiera que tipo de comida servían. Llegamos al restaurante al medio día y tras subir unos escalones o una rampa alternativa que rompe las barreras arquitectónicas, entramos en el viejo molino. La primera impresión fue más que positiva. Merece la pena ir, aunque solamente sea para ver el molino, con la armoniosidad con la que ha sido restaurado este centenario edificio. Han conseguido transformar el local a restaurante sin apenas quitarle su esencia original. Una sala amplia de techos altos y presidida por las viejas torvas donde cohabitan a la perfección el suelo primitivo desgastado por el paso del tiempo, con unas lamparas de diseño. Una pequeña barra para preparar los aperitivos y una gran pizarra que anuncia las especialidades completan el sencillo diseño de la sala. Sorprende ver el buen gusto con el que cuidan los detalles.
Enseguida nos ubicaron en nuestra mesa, preparada con los aperitivos de la casa. Mientras traían las bebidas que habíamos pedido, pudimos echar un vistazo a la carta y ver el tipo de cocina que íbamos a tomar. -Esto si que era ir a la aventura.
Los aperitivos de la casa no son nada convencionales, unos kikos garrapiñados y unas chips de plátano. Originales y ricos. La cosa promete. La carta va acorde con el tipo de local, una cocina de autor que no olvida las raíces tradicionales pero que no pierde la oportunidad de hacer guiños a la cocina internacional con perfectas fusiones. Quizás sea en los entrantes donde muestran más atrevimiento, cosa que debo confesar no supimos aprovechar al cien por cien. Éramos un grupo muy heterogéneo, por lo que a la hora de pedir los platos al centro, fuimos conservadores de más. Arrancamos con un plato de jamón con parmesano. Productos de primera calidad, pero que, para mi gusto, ocupaban el lugar de otros entrantes más elaborados. También probamos sus caballitos. Servidos en vaso y acompañados de un helado de cerveza. - ¿Que murciano podría decir que no a un plato así? - Supongo que solamente aquellos que optaran por el pulpo asado con helado de pimienta rosa o los alérgicos al marisco. Cuando me llevé el caballito, mojado en el helado de cerveza, a la boca, experimenté unas sensaciones muy conocidas. Es la simplificación de una de las tapas más características murcianas. ¿Quien no ha tomado en Café-bar un caballito y a continuación ha dado un trago a su fresquica caña?. Pues en un solo bocado han consiguido idéntico resultado.
El último de los entrantes fue una ensalada de habitas con gulas y huevas de arenque. Presentado por separado las habitas junto a las gulas y las huevas, que no eran pocas, y por otro los vegetales, lechugas varias, soja o fresas. También me quedé con las ganas de probar otros platos como el maki de caldero con nube de soja y jengibre o el foie relleno de calabazate, crocant de kikos y salsa de arrope. Todo esto regado por un Altico de bodegas Carchelo, un vino de Jumilla servido a su correcta temperatura. Algo que es lo normal pero últimamente no lo habitual. Si algo puedo decir de su bodega, es que sin ser excesivamente amplia, no es una bodega convencional, aunque lo que los precios tampoco lo son.
Con los principales también dude y mucho. No iba con la idea de pedir un arroz, pero probar un arroz de pato y berenjena o uno de pulpo y pimiento, me atraía mucho. Al final no caí en la tentación ya la llamada del solomillo de buey al foie con salsa de higos pajareros pudo más. Y no fue ni por el solomillo ni por el foie. No diré ni que acerté ni que fallé, ya que el solomillo estaba delicioso. El foie, junto a la salsa de los higos, hacía una combinación maravillosa. También tuve la oportunidad de probar el arroz con pulpo y tampoco hubiese defraudado. Otra buena opción era los tacos de atún con brotes.
En estas estábamos, disfrutando del placer del buen comer, cuando una de las patas de la mesa, que era abatible, se batió, quedándonos con la mesa sobre nuestras rodillas, el vino en el mantel y las copas en el suelo. - La cosa pudo ser peor. - Reaccionamos con rapidez, tanto nosotros como el servicio, que hasta el momento era un poco lento, pero muy agradable, y mientras ellos recogían el estropicio, nosotros cambiamos de mesa con nuestros platos y lo poco que quedaba de la botella de Altico. Es la primera vez que me ha pasado algo así, pero me sirvió para darme cuenta de ciertos detalles por parte del local que de otro modo nunca hubiese conocido. La botella de vino estaba en las últimas, y aunque un mínimo estaba en mantel de la mesa caída, nos trajeron sin pedirlo una botella de Carchelo, al no que darles de Altico.
Terminamos los principales y para concluir decidimos tomar postres. Pedí un Belmonte invertido. Un cremoso de chocolate coronado por la leche condensada en forma de espuma. Puede que fuera por la buena impresión que me produjeron los entrantes, sobre todo los caballitos, o por la carne de tan buena calidad, pero estando bueno, el postre me supo a poco. Me recordaba demasiado a la copa Danone de chocolate y nata. Otra opción, que no fue mucho mejor, fue el chocolate blanco con cuatro texturas. Pero como tantas otras veces, son esperanzas creadas por mí, fruto unicamente de mis deseos. Con el café, esta vez ya convencional, pedimos la cuenta, que trajeron en una bonita caja envejecida. Muy buena relación entre la calidad y el precio.
En cuanto al personal, aunque en algunos momentos de la comida, el servicio fue lento de más, lo compensaron con simpatía y la atención de la camarera que hizo que en ningún momento sintiéramos que se habían olvidado de nosotros. Al revisar la cuenta pudimos comprobar que no solamente la última botella no la cobraron, sino que además nos obsequiaron con la primera. Son detalles como estos, innecesarios pero que se agradecen, los que  marcan la gran diferencia entre restaurantes como este o en los que solamente se come bien. Comimos muy bien, el incidente nos dio tema de conversación duranteel resto de la comida y encima sin haber sido culpa de nadie, lo compensan de una manera más que satisfactoria. Tengo clarísimo que no solamente volveré a ir a La Salica, sino que además lo recomendaré como sitio actual de referencia del buen trabajo.
El Restaurante La Salica, está en la calle Antonio Flores Guillamón número 2 de Espinardo, en Murcia y su teléfono para reservar es el 968899039.



miércoles, 16 de mayo de 2012

Pestiños.

Una vez más, la morriña me lleva a coger el teléfono y pedir una de esas recetas de las que hacía años que no probaba y solo con pensar en ellas, me vienen a la mente buenísimos recuerdos de tiempos pretéritos. Esta vez es la receta casera de los pestiños, ese postre que habitualmente asociamos a la Semana Santa o a la Navidad, pero que por sus características, podemos comer en cualquier época del año. Solamente tenemos que tener cuidado con la cantidad que nos comemos, básicamente por el remordimiento posterior. La base de este rico postre es bastante simple, una masa frita con la que podemos jugar para darle distintas formas y aromas. Supongo que como tantos otros postres tradicionales, hay miles de maneras distintas de hacerlos. Aquí voy a poner una de ellas, la que nosotros tomábamos de pequeños y ahora hago. Seguramente no será la mejor receta de pestiños, pero sí que es bastante sencilla, rápida y con la suficiente cantidad de azúcar que la hace irresistible para los amantes del dulce y de las masas fritas. 
La única dificultad que podría tener, si podemos llamar dificultad, es a la hora de liarlos. Aunque más que difícil, diría que es un poco laborioso.


Los Ingredientes.

Harina de trigo.
Azúcar.
Miel.
Agua.
Aceite de oliva.
Vino Dulce (mistela).
Cascara de naranja o de limón, canela en rama, anís en grano (opcional).


La Faena.

Lo primerísimo que tenemos que hacer es coger el aceite y ponerlo a calentar en una sartén. No es necesario calentarlo mucho. El objetivo es quitarle un poco el fuerte sabor a aceite de oliva. Para ello, lo requemamos un poco. Hay gente que aprovecha este momento para aromatizar el aceite con cualquiera de los ingredientes opcionales que he citado, una corteza de limón o de naranja, unos granos de anís o una ramita de canela. Las veces que yo los he hecho, nunca he añadido nada al aceite, pero para gustos, los colores. Una vez requemado el aceite, retiramos y dejamos enfriar, al menos atemperar.
Para hacer la masa mezclamos el aceite, solo aceite, sin la naranja, canela o anís, con la mistela. Recordad que ha de estar al menos templado para no quemarnos a la hora de amasar. Mezclamos el aceite y el vino a partes iguales, echamos el harina que admita y amasamos bien. Para la primera vez, recomiendo no poner mucha cantidad de aceite y vino, ya que nos podríamos pasar un buen rato haciendo pestiños y terminar repartiéndolos por el vecindario o vendiéndolos a Mercadona. Una vez hecha la masa, la dejamos reposar una media hora.
Mientras dejamos reposar la masa, preparamos la miel para bañar los pestiños una vez fritos. En un cazo pequeño mezclamos un par de cucharadas de miel con el doble de agua y calentamos hasta homogeneizarlo.
Ahora viene el clímax de la receta. Tras amasar bien, ayudados por un rodillo, estiramos la masa. La idea es dejarla lo más fina posible, casi como el papel de fumar. Entonces, la recortamos en tiras de unos dos centímetros de ancho y todo lo largo que podamos. Con el dedo vamos enrrollando sobre si misma. Al final del proceso, debemos tener los pestiños enrollados y listos para freír. 
En una sartén calentamos aceite de oliva para freír la masa. Vamos echando los pestiños hasta que se doren y los retiramos al cazo para enmielarlos. Los dejamos unos segundos y los pasamos a un plato donde los rebozaremos en azúcar.
Para mí, el mejor momento para comerlos es cuando se han templado

lunes, 14 de mayo de 2012

Restaurante Vegetariano Maná - Murcia.

Si hace años me dicen que iba a ir a un restaurante vegetariano me hubiese parecido raro, pero si me dicen que saldría satisfecho, me hubiese extrañado y mucho. El porque ir a un vegetariano un viernes por la noche y con la cantidad de restaurantes que hay donde te ponen carne y de la buena, tienen una fácil explicación y se llama groupón. Hace tiempo compramos unos cupones de groupón bastante interesantes, a pesar de estar advertido por algún comentario que señalaba lo fácil que es comprarlos y lo difícil que es reservar. Lo intentamos en tres ocasiones, reservar, hasta que a la cuarta conseguimos mesa para seis. Llegamos puntuales a la cita, pues con la demanda que deberían tener, no queríamos tener ningún contratiempo. Al llegar, cual fue nuestra sorpresa que el restaurante, no excesivamente grande, estaba medio vacío. - Vamos que solamente tenían tres mesas ocupadas.

El restaurante es amplio y decorado con demasiada sencillez, careciendo de chispa imaginativa. Destacan un par de cuadros del pintor José Manuel Peñalver. Nos sentaron en la mesa que teníamos reservada y enseguida vino el camarero con los manteles de papel y la carta, a explicarnos como funcionaba la oferta. Una bebida, un entrante y lo mejor, los principales que quisiéramos, las veces que quisieramos. Las bebidas, los postres y los cafés no estaban incluidos.
Lo positivo de todo esto, es que solamente costaba 25 euros. - ¡No! Por persona, no - ¿Por pareja? - ¡Tampoco!.- Cuatro personas, con una bebida por 25 euros y por increíble que parezca, no estaba a reventar. Con esta buena oferta, fuimos con la idea de probar y si no nos gustaba el menú, nos parecía escaso o incomible teníamos al lado un par de restaurantes de los de toda la vida. Aunque no fueron necesarios. Con este sistema, se simplifica mucho la cosa. No hay que elegir un principal, se pueden probar todos. Así que la elección y el fallo o acierto se produce en los entrantes.
Para los primeros, la oferta era variada. Pedimos una ensalada templada con piña, que más que ensalada era un salteado de verduras aliñadas con un curry muy suave. Las otras eran más habituales. Una ensalada de mar y montaña, que combinaba, entre otros ingredientes, setas y piñones con algas. O una ensalada de pasta con yogur.  Otros nos decantamos por los entrantes. Y de estos, el que más nos gustó fue un coctel de  dátiles con salsa rosa. El coctel de gambas de toda la vida, donde estas han sido sustituidas por unos dátiles maduros. Alternativas a esto, eran un crujiente de algas, unos conos de brik y lombarda, unas croquetas de cereales con cebolla caramelizada o una cesta de pan. - ¿Habra quien se pida de entrante la cesta de pan?
Dentro de mi simplicidad, me fui a las croquetas de cereales. La cebolla, excesivamente dulce, cubria una croqueta igual por fuera, pero muy distinta por dentro. La base era arroz y germen, lo que no la hacía demasiado sabrosa. Estaba claro que necesitaba la cebolla y esta el azúcar.
Creo que, para alguien como yo, que habitualmente no va a restaurantes vegetarianos y suele esperar mucho de los sitios nuevos, a los entrantes de Maná les falta un poco de imaginación. Pero también es cierto que son expectativas mías, ya que a diferencia de otros restaurantes, íbamos sin referencias, ni positivas ni negativas. - Pura aventura.
Con los principales la cosas cambió un poco. Pues aunque solamente había cinco entre los que elegir, se podían elegir todos. Y parafraseando al Capitán Alatriste.: ¡Voto a tal, que lo hice!. Y con resultados dispares. La lasaña con soja y algas y la terrina vegana de verduras asadas, para mí, un confeso no vegetariano, no eran. Es más, diría que la base de estos platos y la de la ensalada templada eran la misma. Platos sosos y aburridos. También tenían unas cintas de espinacas a los cuatro quesos, que eran eso, cintas verdes a los cuatro quesos. Supongo que habrá mucha gente que no esté de acuerdo conmigo, pero esto solamente es mi opinión.
Los últimos platos, fueron los mejores. Unos calabacines rellenos con salsa de puerros. -¡Que salsa!- Lo mejor del plato. !Deliciosa! Y el brazo de gitano de espinacas multicolor. Con diferencia estos fueron los mejores principales. Todo esto acompañado por un Casa de la Ermita crianza. Hubiese estado mejor si lo hubiesen servido en su temperatura óptima y no caliente, recien sacado del almacén.
Supongo que será por simplificar o buscando una clientela conservadora, pero veo los platos poco atrevidos e innovadores. ¿Donde están las alcachofas? Aunque en ningún momento nadie me dijo que Maná fuese innovador ni rompedor. Es más, viendo la decoración, el mobiliario y los verdes uniformes de los camareros, no hace falta ser Sherlock para darse cuenta de que ni lo es, ni lo intentan.
En los postres, los conservadores fuimos nosotros. No nos atrevimos con delicias como fruta variada en gelatina de agar agar, profitelores veganos ni su yogur casero. Decidimos probar la una tarta de bizcocho y chocolate, de la que el chocolate si, pero el bizcocho no. Y un celestial flan de queso con helado, sin helado. El camarero nos dijo que no le quedaban helados. A pesar de esto lo pedimos sugiriéndole que si faltaba la mitad del postre, el precio debería ser menor. El postre no entraba en el cupón. Al camarero le hizo mucha gracia, pero al llegar la cuenta, fue a nosotros a los que no nos hizo tanta.
Al pedir la cuenta, dimos los cupones y pagamos las bebidas, los postres y los cafés. No fue muy alta, y esto me hace pensar sobre el por que limitan las reservas de los cupones. Ellos habrán hecho sus números, pero por poco que hayan ganado con nosotros, siempre será mejor tener clientes, que tener el restaurante vacío un viernes por la noche. Al menos en estos tiempos.
El restaurante Maná esta en la calle salón trasversal entre la calle Federico Balart y Pintor Sobejano, en el murciano barrio de San Antolín. Su teléfono de contacto es el 968285824.


domingo, 6 de mayo de 2012

Crítica al critico.


Después del "subidón" que me produjo el premio, quiero meditar sobre algo. En estos días he recibido una crítica a las críticas. Me explico, en la entrada del restaurante Ginkgo Biloba, una simpático anónimo me hizo una serie de comentarios insultantes. Bueno, simplemente me insultaba y de simpatico no tenia nada. Casualmente ese mismo día desde la página de Facebook del Restaurante hacen un alegato en contra de los críticos amateurs. Y esto te hace plantearte si tiene sentido el trabajo que lleva hacer este blog. Mi intención primitiva estaba en hacer un simple resumen de mis salidas para recordar los sitios a los que he ido, lo que comí y que me pareció. La intención era y es esta, sin intentar molestar a nadie. Animado por el Sr. Frank y enfriado por la buena entrada que desde mi tontódromo hizo de los críticos. Me decidí a hacer mi pequeño y privado cuaderno de bitácora, pensando que no duraría más de un par de meses. Y por que no, ser un poco de guia para aquellas personas que les apetezca salir a tomar algo y no sepan donde y que pedir. No he pretendido ser categorico, ni un gurú para nadie. Solamente dejar constancia de lo que tomé, que me pareció y poco más. Hoy me vuelve de nuevo la duda que me surgió en su día. - ¿Debo ser del todo sincero en mis apreciaciones o debo ocultar parte de lo que pienso sobre un restaurante para que la gente vaya, como dicen desde Ginkgo Biloba? Aunque debo agradecerles el poder que me otorgan al pensar que con mi opinión va a dejar de ir la gente en masa a su restaurante.
Aceptando parte de la critica, quizás me haya crecido y sin tener los conocimientos necesarios, simplemente la experiencia, la educación recibida y un poco de sentido común. Me he envalentonado y me he permitido dar consejos. - ¡Craso error! - Aunque, si leo una novela. ¿por que no voy a poder expresar mi opinión? ¿Cuantos van al cine y salen sin decir ni pio de la película? Entonces, ¿por que tiene que ser distinto en un Restaurante cuando hemos sido consumidores? -Si mi opinión hubiese sido distinta, seguro que la suya también.
Para terminar con esto, o continuar con el debate, dejo este enlace del blog de Antonio J. Gras sobre la crítica a restaurantes.

miércoles, 18 de abril de 2012

Un premio. El premio. Mi premio.



Como comenté en una entrada anterior, una enfermera en la cocina me ha galardonado con un premio, mi primer premio, y único. Cuando me lo concedió me sentía contento y orgulloso. Sabía que me lo merecía. Tenía desde hace meses el discurso preparado para esta ocasión, pero ahora leo la letra chica del contrato, estipula que además de ser el premiado, me convierte en jurado del mismo para elegir a cinco blog que como el mio, lo lean cuatro gatos.- ¡Osea, vosotros!- Y tras una larga deliberación entre los millones de blogs de los que soy seguidor, comienzo a decir aquello de: "And the winners are....:

  • Un cafelico y vuelvo que con su irreverencia y frescura hace que me parta la caja. También porque me ha hecho el nuevo logotipo a coste cero.
  • Chupa la gamba con quien coincido en gustos e intereses.
  • Lorettas Cupcakes & Cookies por lo espectacular, lo difícil y lo bueno de sus creaciones.
  • La revista Gastrónomo que nos informa de lo que pasa, ha pasado y va a pasar, gastronómicamente hablando.
  • El perro de Pavlov  porque hace lo mismo que yo, y como lo que yo hago me gusta, pues lo suyo también me gusta.
Por cierto, si sois de los premiados, como yo lo fui, hay unas normas que se deberían cumplir. ¡Allá vosotros!. Si no las cumplís, la maldición del bloguero novato caerá sobre vosotros y vuestro blog. Y son estas:
  • Copiar y pegar el premio en el blog enlazándolo con el blogger que te lo ha otorgado.
  • Premiar a tus 5 blogs favoritos con la condición de que tengan menos de 200 seguidores y dejarles un comentario para notificarles que han ganado el premio (difícil tarea, no creáis.)
  • Confiar en que ellos continúen la cadena premiando a su vez a sus 5 blogs preferidos... claro que lo harán!!!
  • Para terminar, únete al blog, síguelo, y compártelo para que la gente nos conozca a todos. 

Pues nada, yo creo que ya he cumplido el 75%, ahora a notificar y mi conciencia queeda limpia, que hace dias que lo tengo y aun no lo había hecho.




domingo, 15 de abril de 2012

U Fleku - Praga.


Estando en Praga de turismo, hay ciertos restaurantes que se deberían visitar. No hacerlo, sería como ir a Madrid y no tomar un cocido. Es dejarse algo de Madrid sin ver. O ir a Segovia y volver sin haber probado el cochinillo, sea donde sea. Nos deja una espina que hay que sacar. Pues bien, ir a Praga y no ir a alguna de las cervecerías típicas, no sería no ir a Praga, pero a la vuelta nos quedaría una sensación de viaje hasta cierto punto incompleto.
De todas estas cervecerías, si hay una que todo el mundo aconseja ir, esa es U Fleku, quizá la más famosa de toda Praga. Una cervecería restaurante con más de 500 años donde podemos disfrutar de las afamadas cervezas checas hechas por ellos mismos. Su actividad se remonta a 1499. Pero donde también tenemos que saber que somos turistas, y como tal nos van a tratar. No es el bar donde los pragueses van a tomar una cerveza después de trabajar. Allí, los pocos nativos que hay, van para acompañar a algún amigo que va de turismo. Para más inri, no solamente íbamos de turistas, sino que el grupo era de turistas de tercera. Esos que ya vienen con la comida pagada, salvo bebidas. Y ahí es donde nos iban a esperar.
Llegar a U Fleku no tiene pérdida, en la puerta hay un gran reloj que nos marca el punto exacto. Entramos y - Nos han debido ver algo extraño, pues si hay muchos salones con gran jolgorio, a nosotros nos ubican en uno vacío. A cada salón, les llaman “Akademie” (academia), así, el nuestro fue el “Rytířský sál” (salón de los caballeros). Tiene como curiosidad, que en sus puertas quedan inmortalizados los nombres de los maestros cerveceros desde su apertura hasta 1883. Nada más tomar asiento, el camarero viene y empieza a servir sobre nuestros manteles individuales de papel, cerveza negra, flek 13 de fabricación casera hecha a partir de malta, lúpulo y cebada, a cada uno de los comensales, sin distinguir entre mayores y menores de edad, y lo hace de una forma en la que da la sensación que es detalle de la casa. -Nada más lejos de la realidad. Llama la atención en un primer momento ver a la gente fumar dentro del salón. Aquí no ha llegado la ley anti-tabaco. Advertimos al camarero de la presencia de menores y éste, un poco contrariado y no de muy buenas maneras procede a retirar la cerveza y un poco ofendido, nos advierte de los precios de las bebidas, cosa que no entiendo bien, pues luego intentaron cobrar lo que les vino en gana. Que era más del precio que nos había dicho.
Tras las bebidas, vino la comida. Unos entremeses que no merecían ni gastar una sola kb en fotografiarlos. Junto a los camareros que traían el primer plato, hicieron su aparición en la sala, los músicos. Un par de pintorescos músicos vestidos con trajes tradicionales bohemios que sospechábamos que venían a amenizar, y entretener a los comensales, pero que tras tocar un par de acordes, tomaron asiento y de ahí no se movieron en toda la velada. - Deberían ser fieles seguidores de Baco encargados de amenizar con música la ingesta masiva de alcohol. Al no consumir el líquido elemento, la cerveza, no verían necesario aporrear sus instrumentos para nosotros. O quizá, debíamos tener pinta de ser de los que no gastan en propinas, aunque con esa disposición, no les quepa duda de que no. 
Tras el plato de lechuga, con unas lonchas de jamón de Praga cocido, un pepino y un trozo de lo que pensábamos que era queso y resultó ser mantequilla, trajeron uno de los platos nacionales de la cocina Bohemia, carne de cerdo asada con chucrut (vepřová pečeně s knedlíky a se zelím, vepřo-knedlo-zelo, para los amigos). Que si bien es cierto que estaba bueno, no deja de ser cerdo asado. Siempre acompañado de unas bolas de masa de harina hervida que lo utilizan a modo de pan, las knedliky. Sin más historias y deseando que nos fuéramos de allí, trajeron el postre. Un pastel de manzana y pasas (jablecný závin) o Apple Strudel uno de los más típicos postres checos. Un rollo relleno de manzanas y pasas servido caliente y acompañado de nata montada. 
Ya solo quedaba pagar, pues aunque he leído en muchos blogs que suelen ofrecer chupitos de Bechrerovka, una especie de licor de hierbas amargo, de alta graduación y más alto precio. A nosotros no nos ofrecieron. La próxima vez viajaremos con mejores pintas. Pues bien, en la curiosa cuenta, fruto de la recuenta de palitos que iban escribiendo en un papel en las mesas conforme servían, cuando nos habían advertido que el precio de las bebidas era de 39 Kc, la inflación nocturna hizo que las cobraran a 40. Cantidad insignificante si no fuera porque íbamos un grupo bastante numeroso.
Está claro que se debe ir a U Fleku o a otras similares que también las hay, con la intención de beber una buena cerveza y pasar un buen rato, animados, si están a bien, por los músicos locales. Eso sí, trayendo el estomago lleno. La dirección de U Fleku es Křemencova 11, en Nove Mesto, Praga y con una capacidad para 1200 personas, no creo que haya problemas de reservas. 

 

sábado, 7 de abril de 2012

Restaurante El Churra - Murcia.

En este casi mes sin actualizar el blog me he dado cuenta de varias cosas. La primera es que ni mi propia madre me sigue. Aunque como siempre viene una de cal con una de arena o una de arena con una de cal,  también me he dado cuenta que no soy el único que lee esto que escribo. Aunque no seamos miles, ni cientos y quizás ni decenas, la calidad de los lectores es insuperable. - ¡Lo siento mamá! También quería darle las gracias a Una enfermera en la Cocina, porque después de más de año en esto, he recibido un premio de su parte. El primer premio que recibo, a pesar de que cada comentario que me hacen en el blog lo considero también un reconocimiento, aunque este sea negativo. Tomarse la molestia en leer lo que escribo, lo valoro como tal y si encima pierden un segundo en escribir algo...
Sin enrollarme mucho en excusas, agradecimientos y auto-homenajes, empiezo a relatar la cena que hace una semana tuvimos en el Restaurante El Churra. Es uno de los restaurantes históricos de Murcia, de los que se dice de toda la vida. Mis primeros recuerdos de este establecimiento son de hace más de veinte años, cuando alguna noche íbamos a cenar en la barra unos montaditos de lomo, longanizas o zarangollo. Eran otros tiempos y como todos, el Churra ha cambiado mucho, y en líneas generales, para bien. Siguiendo con los antecedentes, ya que veinte años dan para mucho. Por motivos residenciales, he ido mucho a comer allí. Al ser también hotel, abre los 365 días del año y eso es muy cómodo. Con todo esto, no es uno de mis restaurantes favoritos, lo considero un poco caro y para la comida de toda la vida es maravilloso, pero no lo saques de ahí. Aún recuerdo un solomillo al PX que pedí, la salsa pegaba más en un flan que en mi filete.

Pues bien, hace unas semanas, compramos unos cupones de Oferplán, promovido por el diario La Verdad de Murcia. Con esto de las ofertas éramos y somos muy escépticos, pues habíamos comprado anteriormente unos cupones de Groupón y los señores del restaurante vegetariano Maná llevan casi un mes toreándonos. Que casualidad que siempre están llenos. Deben ser los únicos en Murcia. 
La oferta de Oferplán, consistía en un típico menú gastronómico murciano, sin bebidas, en el Restaurante el Churra a un precio de 19 euros. Cuando llamé para reservar, no pusieron ningún problema, a pesar de ser viernes noche. Repetí varias veces que era con cupones de Oferplán, por si la telefonista no lo había oído, y sin problema. Cuando llegamos, comprendí por qué. El salón estaba prácticamente vacío. Todo encaja, si dan un menú prácticamente a precio de coste, ¿donde están los beneficios? La idea es algo parecido a la oferta de tapa con cada cerveza. Lo que no sacan en la comida, lo sacan de la bebida, algo totalmente lícito y beneficioso para todos. Ellos obtienen clientes, pues es su negocio, y nosotros un ahorro del 50%, que en estos tiempos que corren es de agradecer.
Cuando nos sentamos, nos tomaron nota de las bebidas y empezaron a traer los primeros entrantes. El primero un tomate de Mazarrón relleno de bonito salado con vinagreta de frutos secos y ajos. No solo estaba bueno, sino que la presentación le daba el porte que no suele tener un plato de tomate con bonito. Venía coronado por una anchoa, lechugas varias y un tomate cherry. Comenzaba bien la noche.
El segundo era una alcachofa en salsa de vino blanco con piñones, o quizás al ser murciano deberían decir un alcancil en salsa, pero fuese como fuere, ningunos de nosotros dejó de probar el delicioso pan mojado en esa salsa de vino blanco. Quizás la presentación del plato quedó un poco pobre. Una mínima viruta de jamón acompañaba a al pobre piñón frente a una enhiesta alcachofa. Lo mejor, sin duda alguna, la salsa y el pan, al que habría que hacer un apartado especial.
Ya nos habían convencido. Muy flojos tenían que ser los restantes platos para que cambiara la idea de acierto que teníamos al adquirir estos cupones. No solo la comida era buena, sino que el servicio impecable, como siempre. Y no decepcionó el siguiente plato, un flan de morcilla de chato con salsa de setas. Para ser un poco puntilloso pregunto. ¿Por qué matizan en el tipo de cerdo que es y no en las setas? Creo que Murcia no es muy famosa por temas micológicos. De todas maneras, el pastel de morcilla con champiñones estaba a la altura de lo esperado.
Quedaban los principales, un pescado y una carne. Últimamente es muy socorrido el bacalao en los menús económicos, pero no se como justificarían este pescado en un plato murciano.- ¿Bacalao del Mar Menor? ¡No!- En  cambio, pusieron un lomo de mújol al limón. En una tierra que le echamos limón hasta a las patatas fritas, no puede faltar este cítrico. Y yo siendo murciano como el que más y gustándome el limón, no soy partidario de éste como aliño pues mata totalmente el sabor, en este caso del mújol. La carne, para terminar con los principales y habiendo puesto ya chato murciano, no podía ser otra cosa que cabrito segureño, envuelto en una hoja de brick y acompañado con una salsa de miel de romero con piñones. Junto a un buen vino de la tierra, un servicio impecable y un pan de escándalo, estaban consiguiendo que cambiara el concepto que últimamente tenía. Lo que nos había dado por 19 euros, más los postres, era una bicoca, aunque por 38, sería un poco excesivo.
Los postres, porque hubo dos, fueron un sorbete de frutas, que ya había probado y no me convenció. Y una tarta de queso de Jumilla con leche caramelizada, que a los golosos nos encantó tanto como a los menos golosones. Para terminar y aunque sea murciano del otro lado del puerto de la Cadena, un café asiático puso la guinda a una rica cena subvencionada al 50% por Oferplán. Solo eché en falta, aunque no se puede tener todo, unos paparajotes con helado de turrón. Pero como ya llegan las fiestas de primavera, en un periquete me quito el antojo. Digestivos y una copa para la sobremesa. Como la comida ya estaba pagada, la cuenta de lo bebido fue menos dolorosa que en otras ocasiones.
Para ir cerrando ya, que no es plan de aburrir y siguiendo la costumbre de informar de la ubicación, el Restaurante El Churra está en la calle Obispo Sancho Dávila número 13 de Murcia, su teléfono es el 968 27 15 22 y nos da la opción de comer en la zona de la barra, en la terraza, en los salones o en zonas más íntimas. Y para terminar, ahora de verdad, el premio se llama Liebster Blog y como no tengo una estantería digital donde ponerlo, aquí lo estampo. 


 

lunes, 12 de marzo de 2012

Magdalenas con Nutella y Magdalenas con Pepitas de Chocolate.

Desde hacía tiempo quería hacer unas magdalenas. ¿O son madalenas? En cualquier caso los motivos que me han llevado a hacerlas, no son etimológicos, sino que tenía unos moldes de silicona para hacer magdalenas sin estrenar y el más importante, ver el gusto que le da a una de mis hijas comer las que compramos en la confitería de la esquina. Así que manos a la obra, y tanto tiempo con los moldes esperando el día, cuando éste ha llegado, había que hacer algo especial. Por ser la primera vez, solo especial, más adelante algo más atrevido.
Buscando en Internet recetas, encuentras cosas muy curiosas, como que se le atribuye a la cocinera francesa Madeleine Paumier su invención, o la gran variedad de tipos e ingredientes que pueden llevar. Al final como no me decidía por una, hice dos tipos distintos, las de nutella o nocilla y unas con pepitas de chocolate.

Los Ingredientes para 14 magdalenas.

1 Piel de limón.

220 grs. de Harina de repostería.
2 Huevos.
170 grs de Azúcar glass.
140 cl. de aceite de girasol.
170 cl. de leche entera.
Un sobre de levadura .
Una cucharada rasa de bicarbonato.
Una cucharada de esencia de vainilla.
Sal
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Pepitas de chocolate.
Nocilla o Nutella.

La Faena.

Por comodidad lo he hecho en la thermomix, aunque realmente la gran diferencia de hacerlo con o sin, está en la comodidad y en la limpieza, pues creo que se ensucia menos. He empezado pelando el limón, la corteza muy fina la he echado en el vaso mezclador con el azúcar. La he glaseado y aromatizado con limón a la vez. Si no tuviese la thermomix, hubiese utilizado el azúcar glass directamente y rallado el limón antes de echarlo. Echamos los huevos y mezclamos todo durante unos minutos (5´ vel: 4 temp:40º). Pasado este tiempo añadimos la leche, el aceite, el aroma de vainilla y una pizca de sal y mezclamos bien (3´ vel:4). Ya solo queda añadir el harina tamizado, el bicarbonato y la levadura, batir hasta que se hagan una masa uniforme.
Ya tenemos la masa de las magdalenas hecha. Ahora es el momento de separar los caminos. En los moldes que tenemos preparados para las de nocilla, vertemos la masa en los moldes sin llegar a llenar completamente. Sobre la masa ponemos una cucharada de nocilla y con la ayuda de un palillo lo distribuimos sobre la superficie.
Al resto de la masa le echamos las pepitas de chocolate y con la ayuda de la espatula y vertemos en los moldes hasta ocupar 3/4. Si vemos que el reparto de las pepitas no es uniforme, siempre podemos añadir donde y cuantas queramos.
Los moldes ya rellenos los vamos a dejar reposar una hora en la nevera. Cuando los saquemos del frigorífico, los decoramos con alguna pepita más y los llevamos al horno previamente calentado a 220º, y los dejamos durante al menos 15 minutos. Como no todos los moldes son del mismo tamaño, siempre podemos hacer la prueba del palillo. Se pinchan con un palillo, y si sale limpio, el bollo esta hecho.

sábado, 10 de marzo de 2012

Restaurante Abadía del Rescate - Murcia.

Primer viernes de marzo, y como cada año, miles de devotos del Cristo del Rescate, desde primera hora de la mañana, se acercan a la parroquia de San Juan Bautista al tradicional Besapié. Esa misma noche, en la plaza del Cristo del Rescate, nuestra amiga Sofía celebra su cumpleaños. Creo que 33 y nos ha invitado a cenar en el Restaurante Abadía del Rescate. ¿Será mera casualidad? 
Entramos en el restaurante, y Olmos, el camarero, maitre, uno de los socios y conocido desde su época en Acuario, nos recibe en un anacrónico y horripilante salón vacío. La decoración podría definirse como retro, pero retro Alfredo Landa o Paco Martínez Sória. Son las diez de la noche y no hay nadie. Esto no es una buena señal. Aunque ya no me sorprende, los últimos restaurantes a los que hemos ido un viernes por la noche, no es que tuviesen una numerosa clientela, más bien todo lo contrario. Hay mucho mas ambiente en la iglesia de San Juan.
Además de la carta, el restaurante ofrece dos menús degustación. Uno a veinte euros y otro a veintisiete. El de veinte es muy atractivo. No entiendo el de veintisiete. Así que para no complicar, seis menús degustación de veinte euros donde tenemos que elegir el plato principal entre pastel del cabracho, solomillo de cerdo al Px o lomo de dorada en hojaldre. También en los postres había donde elegir y bien.
Empezamos con el primero de los entrantes y la selección de vino que está fuera de menú. La bodega es bastante variada y elegimos un vino de Yecla, Casa de las Especias. Un buen vino a un precio asequible. El entrante es un plato de queso curado, jamón serrano y almendras. Todo bueno, pero creí que veníamos a un sitio donde primaba la cocina. - Esto me lo puedo poner yo en casa. - Después un plato de ensalada muy completa. Lechugas de distintos tipos, tomate, endivias, aceitunas, huevo duro, frutas, queso, pepinillo y algún otro ingrediente que seguro que se me escapa. Nada sorprendente.
Hasta aquí todo correcto nada más. Los siguientes entrantes ya fueron un poco más elaborados. Unas croquetas de bacalao sobre una cama de tomate con ajo. Unas gambas "a la diabla", tipo caballito pero un poco más sofisticado. Esta última frase no es nueva. Es sacada de la entrada que hice del restaurante Acuario, y es que mucho tiene o han tenido que ver los propietarios de la Abadía del Rescate con este maravilloso restaurante. Y su carta no es ajena a su pasado.
El plato principal, aunque reconozco que debería haber probado algo distinto, algo nuevo. Me decanté por la dorada rellena en hojaldre. Es el plato que siempre pido en Acuario y es el plato que siempre pido aquí. Y la verdad, no entiendo como no todo el mundo pide esta delicia que es un verdadero deleite para el gusto. Los que pidieron en solomillo de ibérico hablaron muy bien de él. Pero creo que F., el anfitrión se arrepintió de haber pedido el pastel de Cabracho. Sin estar malo, es un plato claramente inferior a los otros dos. El solomillo venía con una salsa de PX, mientras que el hojaldre traía dos salsas. La mejor, la salsa de nécoras, la misma que venía con la gamba diabla. La otra una salsa verde. Pido si me pueden traer más salsas para el pescado, pues siempre me falta y me queda un poco seco. Sin problemas, trajo dos cuencos donde había suficiente salsa para los que habíamos pedido dorada. Hasta tal punto este plato es clon o plagio, que viendo la foto de la Abadía y la del Acuario, yo ya no distingo cual es cual. Coinciden hasta en la forma de los platos.
En todo momento, Olmos, muy atento, preguntaba que nos había parecido cada uno de los platos. Además, fue cambiando los platos entrante tras entrante y todos los cubiertos al llegar el principal, matizando que para la dorada, a pesar de ser pescado, no traía de manera consciente la pala, pues era más incomoda para el hojaldre.
Ya solo quedan los postres y el café. Y mientras que en otros restaurantes, esto significa el final de la cena. Los postres de aquí, al igual  que los del Acuario, son tan buenos, que los muy golosos podrían decir que la cena empieza aquí. El flan de chocolate blanco, la crema de almendras, la crema catalana y la espuma de café al whisky son también ya clásicos y por cierto, deliciosos. - Siempre me dan ganas de tomar dos.- La pequeña diferencia está en la presentación. En Acuario es más historiada, pero de sabor, idénticas.
Ahora sí, cafés, infusiones y -¡por favor un licor digestivo!- Aunque no lo ofrecieron, lo pedimos y sin problema. Orujo blanco, de hierbas...
Esta vez no voy a hablar de la Dolorosa, pues fue Frank, el que se la echó a la espalda entera, pero al ser el menú cerrado, no cabría mucho margen de sorpresa. Las dos botellas de vino y alguna bebida más.
Fue una muy buena velada donde la deliciosa comida prácticamente monopolizó la conversación. Es difícil no hacer referencias al Restaurante Acuario, pero considerándolo uno de los mejores restaurantes de Murcia, más que una crítica lo considero un alabo. La diferencia está en el precio. La Abadía tiene unos precios más asequibles para los tiempos que hoy corren. Hoy por hoy, ir a comer allí, y bien por menos de 25 euros es posible.
Muchas gracias Sofía, por la invitación y ya estoy contando los días que faltan para la próxima celebración de tu efemérides. Has dejado el listón bastante alto.
El restaurante la Abadía del Rescate esta en la Plaza del Cristo del Rescate número 6 de Murcia y su teléfono de contacto es el 968 21 21 45.


Acuario.
Abadía del Rescate.